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La ciudad exhibió el domingo un Entrerriano U13 de Selecciones de básquet femenino, dejando elementos para rescatar, sobre todo en estas edades y en medio de tanto griterío que muchas veces empobrece el escenario. Sin importar el orden, vayamos por ellas. Por Macelo Sgalia (Facebook)

Qué Colón y su Asociación hayan aceptado armar con prácticamente dos clubes una Selección para venir a participar del Provincial, aún sabiendo la diferencia que Uruguay y Paraná impondrían en cancha, es aplaudible. Colón estuvo 60 puntos abajo en los dos juegos y se llevó con orgullo la Copa del tercer puesto. No discutió nunca y sus jugadoras aceptaron en cancha que el rival era superior. Colón eligió el camino de jugar. ¿Qué gurisa de esa edad no se motivaría con una convocatoria al seleccionado de su ciudad? El mejor camino para aprender es dentro de la cancha, enfrentando a las mejores. Colón lo entendió. Hubo otras, que inclusive con mucho más potencial y posibilidades de competir, decidieron no hacerlo, no pagar esa apuesta. Los torneos provinciales serían mucho más fuertes y atractivos con más participantes, sin dudas.

El domingo transcurrió dentro de lo que cualquiera que ama el deporte desearía. Pero no siempre se da en definiciones con un título entrerriano en juego, lamentablemente. El mensaje que devolvieron hacia afuera los entrenadores y entrenadoras, antes y después de los partidos; y el que bajaron los dirigentes y los padres a cargo de la organización en la premiación son los caminos que el juego necesita para seguir caminando y creciendo; para seguir siendo.

Debemos continuar insistiendo y machacando que es un juego. Que un día vas a ganar vos y otro día el otro. Qué se pierde más veces de las que ganamos en el deporte y que no pasa nada. La diferencia entre Uruguay y Paraná luego de 40 minutos fue si una pelota más entraba o salía. Continuemos dejando afuera el drama y la locura. Porque de esta manera, una jugadora que acaba de ser campeona entrerriana con su Selección tras un partido apretadísimo, irá a darle primero un abrazo a la que erró el tiro del final para consolarla y luego festejar con sus compañeras. Porque así instalaremos de una vez que las segundas no pierden, que a los 12 años nadie fracasa. A los 15 o 17 tampoco. Si el mensaje de los grandes es el correcto, la foto conseguida es la del final del domingo en el Paccagnella. Seguirán cruzándose, en sus clubes, en las Selecciones. Seguirán jugando a lo que aman. El juego las hará ganar y perder. Eso las hará mejores y el deporte, y quiénes lo hacemos, las formarán como personas para el futuro.